En los últimos años se han descubierto diversos abecedaria ibéricos, la mitad en la comarca pirenaica de la Cerdanya; estos abecedaria muestran unas secuencias que no se corresponden ni con la secuencia del alefato fenicio ni con la del alfabeto griego. Dado que los semisilabários ibéricos tienen un origen oriental la posible causa que justificaría estos reordenamientos podría ser una serie de cambios fortuitos fruto del azar, si bien, tal como se puede comprobar ahora, la mayor parte de estos cambios serían el producto de diversas confusiones (gráficas o fonéticas), así como a una relegación aplicada sobre signos considerados secundarios o innecesarios en un primer momento. Una vez se han identificado los diversos cambios sufridos, los cuales requieren partir de un antiguo orden griego, se confirma el origen griego de los semisilabários paleohispánicos, confirmación que a su vez se solidariza con el análisis de los signos como procedentes de letras del griego arcaico.

Prácticamente todas las letras griegas arcaicas (junto con algunas de sus variantes incluso), estan representadas en los signarios paleohispánicos, y si bien el alefato fenicio muestra una mayor similitud con sus yod y taw, más evolucionadas en los alfabetos arcaicos griegos conocidos, el resto de signos ibéricos que no tienen una correspondencia clara han sido explicados como invenciones locales o incluso como adaptaciones del griego.

Por ejemplo, partiendo de un orden alfabético griego se observan diversos cambios de valor silábico trasmitidos al signo siguiente:
letra nororiental suroriental
zeta ? o
heta o te
theta de ti
…
phi R ki
chi gi ku?
Los diversos abecedaria hallados muestran un orden interno propio que debe ser el producto de una evolución separada, en los que se puede llegar a detectar emparejamientos gráficos (n i) y emparejamientos fonéticos (da de, S s); para luego detectar posibles confusiones fonéticas o gráficas que habrían pervertido un hipotético orden original, pudiéndose reconstruir hasta cierto punto el orden griego, incluyendo upsilon y las letras adicionales phi, chi, psi y omega, completamente ajenas a la escritura fenicia.
Más detalles en Joan C. VIDAL “La evolución secuencial de los signarios paleohispánicos”, Epigraphica 79 (2017), pp. 15-50.
Los signarios paleohispánicos son parcos en mostrar el uso de la beta griega (o de la beth segun otros). Lo cierto es que para un iberoparlante beta, pi y phi vendrían a representar el mismo fonema, y si luego se iba a enseñar el revolucionario sistema de difundir y preservar la información mediante letras a un alumno igualmente iberoparlante lo más seguro es que la única manera de mantener una coheréncia sería mediante la secuencia u orden alfabético. En un momento dado tanta letra igualsonante debió reciclarse y es así que en el signario del nordeste se usó una variante de iota (o un separador) para ba, omega para be, pi para bi, y dos variantes de heta para bo y bu; en el signario sudoeste se eligió sigma para pa, beta para pe, vaw para pi, y dos variantes de heta para po y pu; luego en el signario suroriental se recicló pi para ba, epsilon para be, vaw para bi, y dos variantes de heta para bo y bu… En el abecedarium de Espanca beta todavía preservaba su posición entre alfa y gamma, pero se desconoce qué valor fonético tenía. La historia de beta comienza con el jeroglífico egípcio per ‘casa’, con forma de rectángulo abierto en su parte central superior, como representando el plano de una casa, este jeroglífico fue copiado por las tribus semitas del Sinaí y Canaan, pero con la apertura en el lado izquierdo y la “puerta” abierta en el centro, tal vez asemejándose más así a las casas cananeas; los fenicios a su vez simplificaron la letra beth ‘casa’ al cerrar el cuadrado abierto que quedaba en la parte derecha de la letra reduciendo además sus lados a tres. Los griegos, ya en los alfabetos arcáicos, usaban una beta similar a la B latina, a veces con forma angulosa; en pocos alfabetos arcaicos se conservaron fases intermedias, como en Creta, pues beta tenía forma de báculo con mango retorcido, pronta a ser confundida con la letra pi. Parece ser que beta sobrevivió como letra relegada en el signario del nordeste y que fue reutilizada para expresar una vibrante (el griego sólo tenía una letra para /r/ y parece ser que el ibérico tenía dos tipos de erre). El caso es que en el nordeste la variante de beta que sobrevivió fue la común griega B tal como puede apreciarse en el nuevo artículo de Joan Ferrer publicado en la revista Saguntum “L’enigma B’oïde al descobert: kaśtaum i baikar en sengles inscripcions ibèriques sobre una tortera i un vaset de Camps de L’Hospital (Vilademuls)”. Claro, partiendo de un origen fenicio para los signarios paleohispánicos la similitud exacta con el griego no se aprecia plenamente y se debe recurrir a una explicación alternativa, en este caso que sea el producto de una evolución de la R de las monedas de Arse / Saguntum… (similar a la R latina pero con el trazo inferior derecho más corto), aunque incluso esta erre es idéntica a la rho-4 de los griegos… Pensando más pragmáticamente, el uso de beta (B) como segunda vibrante tiene su lógica interna, pues parecería como una variante de la vibrante ibérica (P) con doble arco. En fin, tantos signos iguales a 3000 km de distancia requieren una explicación más económica, sobretodo cuando se ve el resultado de cómo acabó el fenicio en territorio árabe (abjad árabe), o en territorio cananeo (abjad hebreo). En fin ¿nadie se ha dado cuenta de que la beta de Espanca es la misma beta “abierta” que se usó en la isla de Creta, y que el abjad fenicio nunca abrió su beth?
En el abacedarium de Espanca se sigue el orden griego pues comienza con alpha, beta, gamma y delta; la letra epsilon aparece relegada en la segunda parte del abecedarium, por lo que tras delta sigue iota (lo que da pie a sospechar que /e/ y /i/ pudieron ser casi homófonos para quien tomó o transmitió el alfabeto). Tras iota sigue kappa, lambda, etc., lo normal. Por lo tanto hay una lacuna de tres letras: vau /w/, zeta /z/ y heta /h/. La primera tuvo como valor fonético /u/ en el nordeste, la segunda el valor /o/ en meridional, mientras que la tercera fue reciclada para representar la vocal /o/ en el nordeste (y con una variante la consonante /bu/ en ambos signarios)… ¿casualidad?
Inscripción hallada en Terres de l’Ebre C.0.2, texto B, 3 líneas. La dirección de la lectura es el típico (de izquierda a derecha) y presenta 5 sigmas. Las dos sigmas que aparecen en la segunda línea son sinistrorsas, presentando así un sentido contrario al del texto. Parece como si quien escribío el texto no se hubiera acostumbrado del todo a la moda de escribir todas las líneas de izquierda a derecha tras abandonarse la técnica del bustrofedon (combinar los sentidos según la línea), tal como se aplicaba en los textos escritos en alfabeto griego arcaico.
The distribution of the letters san and sigma for /s/ may also be best explained as the result of a longer development. It is generally
assumed that the Greek alphabet originally had both the letters san (between pi and koppa) and sigma (between rho and tau) and that all local Greek alphabets chose between one of these two to render the one Greek sibilant /s/.28 The assumption that the Greek alphabet originally had both is strengthened by the Etruscan alphabet in which these two sibilants have been retained (Slings 1998: 648, see also p. 100-101). When the first Greek inscriptions appear in the 8th century, they either show sigma or san; there are no inscriptions or abecedaries
that have both.
En la página 23 del artículo escrito hace ya 7 años propuse: “en caso de mostrar [la prmera parte del abecedarium de Espanca] un estado de las cosas antiguo y no una selección acorde a las necesidades locales, parecen constituir lo que sería un alfabeto básico, algo que parece estar fuera de toda posibilidad casual, por lo que el paleosignario ancestral podría proceder de este alfabeto básico, ideado para expresar una lengua que no precisaba ciertas letras griegas por carecer de los fonemas que representan (/e/, /e:/, /w/, /th/, /o/, /o:/, /p/, /ph/, /kh/, /ps/).”, pues ahora con el nuevo abecedarium de Casas del Turuñuelo se comprueba esta teoría, ya de forma definitiva, en que la lengua tartésica ya no solo relegó al final la letras que no necesitaba, si no que acabó por eliminarlas por inútiles.
De hecho, debieron usar un alfabeto, lo que confirma otra vez el origen griego de todas estas escrituras.
El alfabeto arcaico griego más similar al signario ibérico es el utilizado en las islas de Creta y Rodas; posiblemente esto se deba a estar en la periferia del centro cultural helénico, por lo que las innovaciones llegarían algo más tarde. En todo caso nos aproxima a esta región el hecho que pobladores provinientes de Creta y Rodas colonizaron la ciudad siciliana de Gela hacia el 690 a.C. Seguramente muchos de estos colonizadores llevaron consigo su variante del alfabeto.
https://it.wikipedia.org/wiki/Gela